miércoles, 14 de septiembre de 2011

Poseidón.

Mi barco navega en calma. El viento sopla a mi favor. Parece que hoy es un buen día para ti, señor del mar.
No hay nubes, el cielo está azul. El suave oleaje acaricia mi barco. Nada te perturba, dios poderoso.
Me relajo. Manejo el timón con calma; no tengo prisa por llegar al lugar al que voy.
Tal vez me dejé llevar por tu forma de mecer mi barco, por la brisa marina, por el dulce sonido de las pequeñas olas...aflojo el timón...Y eso no te gusta.
De pronto la lluvia cae sobre mi. El cielo se torna negro y gris, oscuro y triste. La lluvia me impide ver con claridad.
Soplas y levantas un gran vendaval que confunden mis velas, e intentan arrancar mi bandera blanca.
Sin embargo me mantengo firme, sé que después vendrá la calma...paciencia.
Alzo mi grito al cielo, preguntando qué hice mal, qué puedo hacer para obtener tu perdón...pero te enfureces más y lanzas truenos y rayos a mi barco, que tiembla y se mueve descontrolado por el oleaje.
Intentas hundirme. No lo conseguirás.
Y entre lluvias torrenciales, vientos fuertes, rayos y truenos y olas furiosas consigo salir de la tormenta.
Me digo que no puedo caer en la desesperación, que lo peor ya ha pasado...Que aguante un poco más.
Eres fuerte, eres un dios y tu furia es enorme y poderosa...pero mi barco es más resistente y yo soy más fuerte.

No me hundirás, Poseidón. Hoy no.

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