viernes, 16 de septiembre de 2011

Amore Deperire.

Los candiles iluminaban tenuemente la calle, flanqueada por los árboles que durante el día la resguardaban del sol. El joven oficial del 5º Regimiento de dragones revisaba su aspecto mientras se dirigía al palacete donde esa noche tendría lugar la velada; había limpiado sus botas a conciencia, sus charreteras refulgían a la luz de los candiles y tras comprobar que su casaca estaba debidamente abrochada y el bicornio calado según estipulaban las ordenanzas, se decidió a llamar a la puerta. Esta se abrió dando paso al interior donde un señor esperaba servicial a que el capitán de caballería le entregase su sombrero, sus guantes y el correaje del que colgaba el pesado sable.
Se adentró en el salón, donde puedo contemplar las paredes decoradas con cuadros y las cortinas carmesíes que ocultaban los grandes ventanales. En el lado opuesto de la habitación, un cuarteto de cuerda interpretaba el Minuetto de Bocherinni mientras los asistentes al ritmo del mismo. Se dirigió a saludar a los que allí se encontraban, entre ellos el coronel de su regimiento, con quien mantuvo conversación hasta que la vio.
Llevaba un vestido blanco y en la mano derecha sostenía un abanico que utilizaba para ocultar rostro, quedando al descubierto aquellos ojos verdes que contemplaba al joven oficial de dragones y que marcarían su vida para siempre; ella apenas tenía quince años, aunque aparentaba tener varios más.
Tras despedirse de su coronel, se encaminó al grupo de damas donde ella se encontraba conversando. Se presentó con una ligera reverencia y pronto se vio asediado por las curiosas damas que deseaban saber si había entrado en combate y como había ganado esas charreteras doradas que decoraban su casaca mientras ella seguía observándolo con sus hermosos ojos, ocultando su rubor tras el abanico cuando escuchaba al oficial referirse a los peligros a los que se había enfrentado en el campo de batalla.
-¿Me permitís?- se disculpó con las señoritas mientras ofrecía su brazo a la joven dama de ojos verdes.
El cuarteto entonó el Concierto para Flauta y Orquesta de Mozart y el capitán invitó a bailar a su bella compañera. Mientras bailaban no podía dejar de mirarla:
-Es tan hermosa…- pensaba mientras la contemplaba.
Terminado el baile ambos marcharon fuera del salón y anduvieron por los jardines que rodeaban el palacete, entre setos y flores. Llegaron a una pequeña fuente donde se sentaron mientras escuchaban el cantar del agua y la suave brisa que mecía las hojas de los árboles. Permanecieron allí, mirándose, el tiempo parecía haberse detenido en ese instante, en esa mirada.
-Os amo…y estoy dispuesto a gritarlo al mundo- fueron las palabras del capitán mientras con delicadeza sostenía las manos de la joven entre las suyas.
Esta vez no hubo abanico que pudiese ocultar el rubor que asaltó el bello rostro de la dama. Se abrazaron, y tras un momento, se distanciaron un poco, lo suficiente para poder contemplar aquellos ojos que tanto lo fascinaban y entonces la besó y el tiempo se volvió a detener en ese instante, en ese abrazo, en ese beso…




[GranaderoReding]

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